En el ámbito de los cuidados de la piel, las aguas termales son muy conocidas, especialmente cuando se quiere calmar una piel irritada. Pero, ¿qué conocemos de ellas?

Las aguas termales son aguas minero-medicinales (o minerales naturales, como se les denomina más comunmente en Europa), procedentes de balnearios de gran tradición en los tratamientos dermatológicos termales, que se comercializan en spray para aplicar mediante pulverización.

Cuando se pulveriza el agua termal sobre la piel, se deposita sobre la superficie cutánea una ligera bruma de agua con acciones calmanteshidratantes y regeneradoras.

¿Cómo actúan las aguas termales?

La aguas termales pueden tener distintas composiciones, pero todos ellas se caracterizan por ser ricas en elementos mineralizantes y oligoelementos que ejercen diferentes acciones. ¿Cómo actúan? Podemos citar algunos ejemplos. Se sabe que el magnesio es antiinflamatorio y antiflogístico; el cinc es antioxidante, preventivo del envejecimiento e interviene en la cicatrización de heridas; el selenio es antioxidante y antiinflamatorio y junto al cinc mejora las defensas y el manganeso favorece la cicatrización de heridas y disminuye la inflamación en la dermatitis seborreica. Y como cada agua minero-medicinal es diferente y la proporción de estos minerales disueltos también lo es, podemos decir que cada agua termal es única.

¿Qué propiedades poseen?

En el ámbito de la dermatología y la dermocosmética se conocen muy bien sus propiedades y se usan para tratar diferentes alteraciones dermatológicas con el fin de calmar la piel y disminuir el disconfort que padecen este tipo de pieles. Se usan en el cuidado de las dermatitis atópica y seborreica, eccema de contacto, rosácea y pruritos. Una aplicación más reciente es en los tratamientos post-láser (después de un resourfacing o de terapia fotodinámica) y también en post-quirúrgicos. Son muy usadas en el tratamiento de las pieles sensibles y reactivas e incluso en el acné.

Sus acciones se pueden resumir en:

– Reducción de la acidez cutánea de la piel seca.

– Mejora de la hidratación y humectabilidad.

– Aporte de sensación de frescor en las pieles irritadas.

– Antioxidante (presencia de Zn, Se,…).

– Acciones antiinflamatorias (sobre todo cuando son silíceas), de reducción del edema, el disconfort y el prurito en cuidados post-láser.

Se pueden aplicar pulverizando directamente la piel o interponiendo una gasa. También se pueden mezclar con arcillas para conseguir un prolongado efecto antiflogístico.

De todo lo anterior podemos deducir que las aguas termales son un buen aliado de las pieles sensibles y que se deben tener a mano siempre que haya cualquier disconfort o prurito cutáneo; son además cosméticos de precios asequibles, con distintos formatos que permiten su uso cotidiano y regular, ya que sólo aportan beneficios y no presentan contraindicaciones.